Hace 23 años, ayer, y todavía puedo recordar el movimiento del suelo bajo mis pies. Aún recuerdo a mi papá jalándome hacia la puerta de la recámara de mi hermana y protegiéndome con su cuerpo. Aún recuerdo el shock de ver la lámpara colgante del cuarto golpeando el techo de lado a lado, como un péndulo... Y fueron sólo unos segundos, pero me pareció horas. Recuerdo el subir al carro, mi papá manejando, el radio prendido, las noticias llenándonos de horror al conocer la verdadera magnitud del terremoto. Las calles estaban extrañamente vacías, los pájaros no cantaban, en el colegio, poco a poco las noticias se iban filtrando y solo el teléfono sonaba de vez en cuando en la oficina (no hubo servicio por mucho tiempo).
A las 9 de la mañana comenzaron a llegar los padres a recoger a sus hijos del colegio. Yo sólo recuerdo a mi profesor de física, el Sr. Dyer, revisando la estructura de los edificios mientras algunos de nosotros lo seguíamos, curiosos y asustados. Después lo llamaron a inspeccionar edificios en el Centro de la Ciudad.
Yo sólo tenía 15 años, pero aún recuerdo las noticias, las lágrimas, a mi mamá preocupada por sus tías en el Multifamiliar pero haciéndose la valiente para no demostrar miedo delante de mi. Recuerdo los días y días que pasaron, los equipos de rescate extranjeros que llegaron poco a poco a México, el sentimiento de dolor por todos aquellos que no conocía, pero que estaban perdidos bajo esas toneladas de concreto. Las imágenes de aquellos perros Suizos de avalancha olfateando por los escombros. Me acuerdo de el llanto del primer bebé encontrado bajo las ruinas del Hospital Juárez, ese sentimiento de que algo más grande, mucho más grande que cualquiera de nosotros, había permitido a esos bebés vivir.
Y me acuerdo de como tantos extraños dejaron a un lado sus prejuicios sociales, su indiferencia, y se dieron a la tarea de unirse al esfuerzo de rescate. Como se abrieron puertas a aquellos que habían perdido tanto. Como los ricos trabajaban lado a lado con los pobres para salvar aunque sea la esperanza de que todo iba a ser mejor el día de mañana. Me acuerdo de el surgimiento de esa palabra: Solidaridad.
Pero, ¿qué pasó con esa Solidaridad? ¿Con esa fé que movió montañas, literalmente?
Yo viví esa tragedia, años después, con un bebé propio en mis brazos, viví los sucesos del 11 de Septiembre en Estados Unidos.
Yo no olvido ninguno, no olvido el tener fé, el poder de la gente al trabajar junta, por una sóla causa, el milagro de la vida. Espero que ustedes no lo olviden tampoco.
Para más acerca del terremoto:
http://es.wikipedia.org/wiki/Terremoto_de_M%C3%A9xico_de_1985
9.20.2008
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